La comunicación del agro dejó de ser solamente una cuestión de mostrar cómo se produce. En Brasil, la discusión llegó a las aulas (a años luz de Argentina), los libros escolares, los medios de comunicación y, en determinadas situaciones, incluso a los tribunales. En el marco del Congreso Aapresid, Julio Cargnino y Carolina Bondolich, moderados por la periodistas Sofía Selasco, dialogaron con Valor Agregado Agro sobre las diferencias entre Brasil y Argentina a la hora de defender la imagen del sector agropecuario.
Educación del agro en las escuelas de Brasil
Uno de los puntos que más llamó la atención fue lo que sucede en las escuelas brasileñas. Cargnino explicó que desde hace años detectan materiales didácticos, incluso algunos producidos desde ámbitos gubernamentales, en los que el productor rural aparece relacionado de manera negativa con diferentes problemáticas ambientales y sociales. “El productor, en general, en los libros didácticos, es el villano”.
Según relató Cargnino, la reacción comenzó hace aproximadamente siete u ocho años a partir de un grupo de madres vinculadas al agro. Sus hijos regresaban de las escuelas preguntando por qué los libros describían de determinada manera las actividades que realizaban sus propias familias. A partir de allí comenzó a organizarse un movimiento destinado a revisar los materiales escolares y contrastar sus contenidos con información técnica.
El periodista de Brasil explicó que llegaron a detectar alrededor de 200 libros con problemas y comenzaron un trabajo con editoriales, autoridades, escuelas y posteriormente con docentes. El objetivo de esta organización de madres (Associação De Olho No Material Escolar; Asociación que vigila los útiles escolares)
sostuvo, no es solamente modificar los materiales, sino también proporcionar herramientas para que los profesores puedan transmitir información correcta sobre la producción agropecuaria.
El problema adquiere mayor dimensión cuando se observan los estudios sobre percepción social que presentó Cargnino. De acuerdo con los datos mencionados durante la entrevista, el 33% de los brasileños tiene una visión negativa del agro. Pero existe otro número todavía más significativo: dentro de ese grupo, el 51% corresponde a jóvenes de entre 15 y 29 años. Para Cargnino, allí aparece claramente el desafío. El sector debe explicar que el agro genera empleo, produce alimentos, tiene una participación central en la economía y desarrolla prácticas vinculadas con la sustentabilidad y la preservación ambiental.
Carolina Bondolich, de la Fundación FADA, reconoció que la problemática no resulta ajena a la Argentina y puso como ejemplo una experiencia personal con sus propias hijas. “Yo tengo dos hijas en edad escolar y lo que se ve, más que todo, es el tema de los agroquímicos, que son directamente puestos en los libros como agrotóxicos”. También señaló que en determinados materiales se habla de degradación ambiental vinculada con las actividades agropecuarias, pero no siempre se explican las prácticas productivas destinadas precisamente a mejorar la sustentabilidad. “Se cuentan las prácticas que son malas, no aquellas que se hacen para la sustentabilidad, que son la mayoría”.
Bondolich destacó el trabajo que realiza FADA visitando establecimientos educativos, aunque reconoció que muchas veces se trata de un verdadero “camino de hormiga”. Uno de los inconvenientes es que buena parte de las instituciones alcanzadas son escuelas técnicas o agrotécnicas, donde los estudiantes ya poseen un contacto directo con la producción. Por eso consideró interesante la experiencia brasileña y planteó también la posibilidad de acercar a los estudiantes urbanos a congresos, exposiciones y jornadas tecnológicas vinculadas con el agro.
La segunda diferencia apareció en el terreno de la comunicación. Cargnino explicó la experiencia de la Asociación Brasileña de Marketing Rural y Agronegocio (ABMRA), una institución con alrededor de 45 años de trayectoria que trabaja específicamente sobre la comunicación del sector. Allí confluyen diferentes actores. Empresas, integrantes de las cadenas productivas, medios de comunicación, agencias de publicidad y el ámbito académico participan en el desarrollo de conocimientos y herramientas destinadas a los comunicadores y profesionales del marketing agropecuario. Pero la organización no se limita a capacitar.
El detalle que nos llamó la atención mientras hacíamos la entrevista fue cuando el presidente de Canal Rural contó cuando aparece información sobre el agro que consideran incorrecta. “La primera instancia es contactar a quien la difundió. Esto que está hablando no es verdad, eso no es correcto. Está acá la información correcta, con datos y ciencia”.
Según señaló, en buena parte de los casos la presentación de información y evidencia permite corregir el mensaje. Pero existen situaciones en las que eso no ocurre.
Cargnino explicó que cuando consideran que existe una insistencia en atacar al sector agropecuario mediante información incorrecta, existen antecedentes en los que se avanzó judicialmente. “En algunos casos, cuando hay una insistencia en atacar al agro, ya ocurrió que tenemos que entrar por vía judicial”. Y allí apareció uno de los conceptos más fuertes de la conversación: “Hay una presión por la verdad, presión por la verdad y por la ciencia y por lo correcto”.
La definición marcó inmediatamente el contraste con Argentina. En este sentido, desde Valor Agregado Agro sostennos que si el propio Secretario de Agricultura de la Nación, Sergio Iraeta, nos niega información a los periodistas agropecuarios cómo podemos seguir. En definitiva, no nos queda otra, sigamos …
Consultada sobre si un esquema semejante podría implementarse en el país, Bondolich reconoció que la capacidad de organización del agro brasileño todavía marca una diferencia importante. También señaló que el escenario institucional y parlamentario de Brasil es distinto al argentino. “Nosotros estamos más cerca que hace 20 años, estamos en camino, pero nos falta un montón”. Y dejó otra definición contundente sobre la manera en que generalmente responde el agro argentino cuando aparece información que considera equivocada. “Nosotros somos más tibios. Vamos con la charla, te hago llegar el material, te llamo, pero muchas veces no es suficiente”.
Para Bondolich, además, resulta importante contar con algún respaldo institucional u oficial, especialmente porque durante diferentes períodos también existieron mensajes provenientes de gobiernos que utilizaron terminología cuestionada por el sector.
La representante de FADA consideró particularmente interesante que el modelo brasileño contemple primero una instancia de diálogo: acercar información, explicar los datos y discutirlos. Pero, cuando esa instancia se agota, la posibilidad de una acción más firme cambia el escenario. “Hay cosas que son verdad y me parece una excelente alternativa cuando además das la instancia previa de: voy, te cuento, te hago llegar el material, lo vemos juntos, te lo explico”.
Una discusión que atraviesa las fronteras Brasil y Argentina comparten buena parte del desafío: lograr que una sociedad cada vez más urbana comprenda cómo funciona la producción agropecuaria.
La diferencia que surgió de la conversación en Aapresid parece estar principalmente en cómo se organiza la respuesta. Mientras en Brasil existen experiencias de madres revisando materiales educativos y organizaciones específicas que nuclean empresas, comunicadores, agencias y académicos —con la posibilidad incluso de recurrir a la Justicia—, en Argentina Bondolich reconoce avances, pero también una respuesta todavía más dispersa.
La frase de Cargnino sintetizó buena parte del debate: “Presión por la verdad”. Una definición que abre una discusión para el agro argentino: ¿alcanza con comunicar mejor o también es necesario organizarse para responder con mayor firmeza cuando se difunde información incorrecta sobre el sector?