El fenómeno El Niño continúa fortaleciéndose y las proyecciones climáticas indican que podría alcanzar su máxima intensidad hacia fines de 2026.
Para el Nordeste Argentino, este escenario incrementa la probabilidad de lluvias por encima de lo normal, excesos hídricos, anegamientos y dificultades en el manejo de los sistemas productivos durante la primavera y el verano. En ese sentido, se debe realizar un seguimiento periódico de los pronósticos meteorológicos, la humedad del suelo, las precipitaciones acumuladas y los niveles de los ríos, ya que esta información permite anticipar decisiones de manejo, optimizar el uso de los recursos y reducir el impacto de eventuales excesos hídricos sobre los sistemas ganaderos.
Desde el INTA El Colorado, especialistas advierten que las condiciones actuales justifican comenzar a planificar con anticipación y destacan que prepararse hoy permite reducir riesgos sobre la producción, la infraestructura y el bienestar animal.
En el caso de la ganadería, una de las principales recomendaciones es identificar previamente los sectores altos del establecimiento para resguardar la hacienda en caso de anegamientos, además de revisar el estado de caminos internos, alcantarillas, alambrados, corrales y sistemas de drenaje. También resulta conveniente elaborar un plan de contingencia que contemple rutas alternativas para el movimiento de animales y maquinaria.
Además, las lluvias y los anegamientos pueden comprometer la disponibilidad y la calidad del alimento para el rodeo y se suma a ello la reducción de la oferta de forraje, la humedad favorece el desarrollo de hongos y micotoxinas en rollos y silajes almacenados en condiciones inadecuadas.
Por ello, se recomienda disponer de heno de buena calidad como suplemento, resguardar las reservas en sectores elevados y evitar utilizar granos como única fuente de alimentación, ya que pueden provocar trastornos digestivos como la acidosis. Los forrajes que hayan permanecido bajo el agua o presenten signos de deterioro no deben suministrarse al ganado.
Durante o después de una inundación, también resulta fundamental revisar el estado de los alimentos almacenados. El heno y el silaje que estuvieron en contacto con el agua pueden desarrollar mohos y perder calidad nutricional, representando un riesgo para la salud animal. Ante cualquier duda sobre su estado, se recomienda no suministrarlos, especialmente a categorías sensibles como vacas preñadas o animales jóvenes.
Los excesos hídricos también pueden afectar la persistencia de las pasturas y favorecer la pérdida de nutrientes del suelo. Luego de un período de anegamientos, es importante evaluar el estado de los potreros y, cuando la cobertura vegetal sea insuficiente, considerar prácticas de recuperación como la fertilización o la resiembra. Estas medidas contribuyen a restablecer la productividad y disminuir el riesgo de erosión.
El tránsito continuo del rodeo sobre suelos saturados incrementa la compactación y dificulta la recuperación de las pasturas. En estas condiciones, se aconseja reducir la carga animal en los potreros más afectados, planificar el uso de sectores altos para el resguardo de la hacienda y organizar el pastoreo con asesoramiento técnico, priorizando el bienestar animal y la conservación del recurso forrajero.
En cuanto a la sanidad, esto genera condiciones favorables para la proliferación de insectos vectores y el aumento del riesgo de enfermedades. Mantener actualizado el calendario sanitario, reforzar el control de moscas y mosquitos y monitorear la aparición de problemas respiratorios, digestivos o podales permite actuar de manera temprana y reducir las pérdidas productivas.
Garantizar el acceso permanente a agua limpia y de buena calidad es una condición indispensable durante períodos de altas temperaturas y elevada humedad. También es importante asegurar espacios adecuados para el rodeo, reduciendo el hacinamiento y el estrés, factores que pueden afectar el desempeño productivo y predisponer a la aparición de enfermedades.
Los excesos de humedad pueden modificar la composición de las pasturas y favorecer el avance de malezas. Antes de realizar aplicaciones de herbicidas, se recomienda evaluar la situación junto a un profesional. La recuperación de las pasturas mediante fertilización y la implantación de verdeos constituye una estrategia eficaz para competir con las malezas y restablecer la producción de forraje.
Finalmente, una vez que el agua retrocede, es importante retirar los residuos arrastrados por la inundación, verificar el estado de alambrados, corrales, caminos y drenajes, y disponer correctamente de los animales muertos de acuerdo con las recomendaciones sanitarias vigentes. Estas tareas disminuyen el riesgo de enfermedades, mejoran las condiciones de trabajo y permiten restablecer con mayor rapidez el funcionamiento del establecimiento.