La inteligencia artificial ya no es una promesa futurista. Está modificando industrias, transformando tareas cotidianas y comenzando a cambiar también la forma en que el agro produce, analiza información y toma decisiones. Ese fue uno de los ejes centrales de la charla brindada por el especialista en cultura digital y tecnologías emergentes Joan Cwaik, durante el Congreso A Todo Trigo que se realiza en Mar del Plata.
Autor, conferencista y una de las voces más influyentes en materia de innovación tecnológica, Cwaik abordó el presente y el futuro de la inteligencia artificial aplicada al mundo productivo, poniendo el foco no solo en las oportunidades, sino también en los desafíos humanos que acompañan esta revolución.
“La inteligencia artificial está redefiniendo muchas de las tareas que solíamos hacer. Pero el verdadero desafío no es tecnológico: es humano”, sostuvo.
Durante su exposición, explicó que la IA generativa, capaz de crear contenido como si fuera realizado por una persona, marca un punto de inflexión comparable a otras grandes revoluciones tecnológicas. Aunque el fenómeno explotó globalmente tras el lanzamiento de ChatGPT en 2022, recordó que los orígenes conceptuales de la inteligencia artificial se remontan a 1950, cuando Alan Turing ya planteaba la posibilidad de que las máquinas pudieran “pensar”.
Según Cwaik, “hay una brecha gigante entre lo que la IA puede hacer y lo que verdaderamente usamos. Tiene una capacidad teórica del 94% y un uso real del 33%. La oportunidad no es tener la mejor inteligencia artificial. La ventaja competitiva será de quien mejor la aplique”, afirmó y citó: “el 84% del mundo nunca usó IA de ningún tipo. No llegamos tarde”.
En ese marco, remarcó que el agro tiene un enorme terreno por explorar, especialmente en automatización de procesos, asistencia comercial, organización de información y generación de herramientas específicas para la toma de decisiones.
Como ejemplo, describió cómo un acopio podría implementar un agente de inteligencia artificial capaz de responder consultas de productores, filtrar operaciones según urgencia, informar posiciones y condiciones comerciales, coordinar firmas con corredores e incluso dejar operaciones cargadas automáticamente en el sistema. “La IA empieza a salir del chat y entrar en las herramientas del día a día”, explicó.
También diferenció entre asistentes y agentes inteligentes. Mientras los asistentes colaboran en tareas puntuales, los agentes son capaces de ejecutar flujos completos de trabajo e interactuar con múltiples sistemas simultáneamente. En ese sentido, destacó el crecimiento del llamado MCP (Model Context Protocol), al que definió como “el USB de la inteligencia artificial”, por permitir que distintas herramientas y agentes puedan conectarse entre sí.
Además, presentó distintas plataformas y ecosistemas basados en IA que ya están disponibles para usuarios y empresas, desde asistentes multimodales como ChatGPT, Gemini, Claude o Copilot, hasta aplicaciones específicas capaces de generar música, ordenar archivos, construir herramientas digitales o interactuar con bases propias de conocimiento.
Para Cwaik, la pregunta no es cuántas tareas va a hacer la IA ni si nos va a reemplazar. “¿Vendés tiempo o resultados? Si vendes tiempo es imposible competir con la máquina. Si vendes resultados, la máquina trabaja para vos”, expresó. “La IA nos empoderó”, dijo.
En el cierre de su participación, Cwaik dejó una reflexión sobre el desafío cultural que acompaña a la aceleración tecnológica, citando al escritor y divulgador científico Isaac Asimov: “El aspecto más triste de la sociedad es que la ciencia gana conocimiento mucho más rápido de lo que la sociedad gana sabiduría”. Y concluyó: “La inteligencia artificial es una herramienta fenomenal. La clave será cómo decidimos utilizarla”.