En un contexto donde los productores buscan reducir riesgos y mejorar márgenes, el girasol vuelve a posicionarse como una alternativa estratégica dentro de los sistemas agrícolas argentinos. Así lo planteó el ingeniero Jorge Mercau, del INTA San Luis, quien en diálogo con Valor Agregado Agro explicó el rol del cultivo dentro de un nuevo enfoque productivo basado en la diversificación y la intensificación. “Hace un tiempo venimos trabajando en un indicador que combina la diversidad de cultivos y la intensidad productiva. La idea es producir más, pero también reducir riesgos”, dijo el técnico de INTA.
Mercau explicó que el girasol encaja perfectamente en este esquema por tres razones clave: Tiene un ciclo relativamente corto
“Es un cultivo bastante conocido en toda la Argentina, por lo que no es difícil aumentar su superficie”, señaló. Pero además, su inclusión no responde solo a una cuestión productiva, sino también estratégica: “Diversificar no es solo sumar cultivos, es reducir el impacto de eventos como sequías, incluso a escala país”, dijo a Valor Agregado Agro.
Uno de los puntos más fuertes de la exposición fue la identificación de ambientes donde el girasol supera claramente a la soja en margen bruto. Según Mercau, esto ocurre en: Suelos profundos, con perfiles bien cargados de agua al inicio, regímenes de lluvias moderados durante el ciclo. “En esas condiciones, el girasol tiene mejor piso de rendimiento y mejores márgenes que la soja, incluso sin derechos de exportación”, afirmó .
Estas zonas que menciona Jorge Mercau incluyen: Sur y sudeste de Buenos Aires, Oeste bonaerense (como Pellegrini), San Luis (hasta Fraga), Sur de Córdoba (zona de Río Cuarto hacia el sur), Sectores del norte argentino.
Otro de los diferenciales del girasol es su comportamiento frente al estrés hídrico. “Requiere menos agua que el maíz y puede usar hasta un metro más de profundidad de suelo”, explicó. Esto le permite sostener rendimientos en campañas difíciles, como la actual: “El girasol puede zafar mucho más de la falta de agua que tuvo el maíz”, dijo a Valor Agregado Agro.
Además, Mercau remarcó que al terminar su ciclo antes, ofrece ventajas agronómicas clave:
El especialista también destacó un punto clave para el productor: la previsibilidad económica. “El girasol tiene una bonificación por contenido de aceite muy importante y bastante predecible”, indicó. A esto se suma: Buena demanda internacional Interés sostenido de la industria Mejora genética en rendimiento y calidad Todo esto genera un escenario favorable: “Es un cultivo que hoy puede dar un margen mucho más interesante”, afirmó. La clave: achicar la brecha productiva Más allá del contexto, Mercau puso el foco en un desafío técnico central: “Lo que más impacta en el resultado del girasol es reducir la brecha entre el rendimiento logrado y el potencial”, dijo a Valor Agregado Agro. Y agregó un concepto clave: “Esa diferencia de rendimiento tiene mucho más impacto en el margen que cualquier cambio en derechos de exportación”.
En síntesis, el girasol vuelve a escena no solo por precio, sino por estrategia. Con menor techo que la soja, pero mayor estabilidad y mejor piso productivo, el cultivo se posiciona como una herramienta clave para sistemas más resilientes. “Es un cultivo aguantador, con buen margen”, resumió Mercau.
fuente: valoragregadoagro