La prolongación del conflicto bélico de de Medio Oriente comenzó a ejercer efectos adversos sobre incontables ramificaciones de la actividad económica a lo largo y ancho de todo el globo y el impacto de las esquirlas son las que se pueden sentir en la estructura de coste general de la producción agropecuaria.
El último informe del área económica de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), advierte que la masiva destrucción de capital ya consumada hace imposible un restablecimiento inmediato de suministros energéticos a niveles preguerra.
Algunos analistas hablan, incluso de que habría que esperar hasta entrado 2027 para recuperar las líneas de abastecimientos habituales.
El bloqueo efectivo del estrecho Ormuz, por donde pasa pasa un quinto del comercio internacional de petróleo (aproximadamente 20 millones de barriles por día), un cuarto del flujo internacional de GNL y un tercio del comercio de fertilizantes, implicó una desconexión vital entre abastecedores y consumidores de energía e insumos en todo el mundo, poniendo en jaque la cadena de abastecimiento, hasta ahora, por todo un mes.
Donde más certezas parece haber, es en el hecho de que el perfil de riesgo de la región del Golfo Pérsico no será igual de aquí en adelante; impactando en el costo de capital y la reinversión futura.
Estos acontecimientos no son ajenos al campo argentino y menos aún a semanas de comenzar la ventana habitual de siembra de la fina. El impacto es directo en renglones que explican buena parte de la estructura de costes total de implantación y más aun teniendo en cuenta como evolucionan los precios relativos desde el comienzo de la guerra.
Antes de que se iniciara el enfrentamiento bélico, desde principios de año, el precio internacional del barril de petróleo Brent pasó de US$ 66/bbl a alcanzar los US$ 108/bbl a fines de marzo, un aumento del 77%.
En la misma sintonía, las cotizaciones internacionales de la urea saltaron entre un 54% y 71% desde los primeros ataques. Es cierto que las cotizaciones de los commodities agro subieron impulsados por el conflicto, pero la intensidad de esas subas fue significativamente menor al aumento de los costes, sobre todo mirando los precios del trigo en Chicago, que están “solo” un 20% arriba en el año.
El precio del gasoil en el surtidor aumentó un 34% en el año valuado en dólares, y la cotización mayorista de referencia a nivel doméstico para urea se disparó un 77% respecto a enero del 2026.
Mientras los costos de producción vienen aumentando a un ritmo vertiginoso, las subas en el precio de venta por trigo a cosecha solo compensan parcialmente.
En este sentido, la posición de trigo a diciembre del 2026 en el mercado de futuros de A3 comenzó el año promediando US$ 190/t y llegó a tocar máximos en US$ 221/t, es decir, en el mejor de los casos el trigo subió un 16% en el año, mientras que los fertilizantes aumentaron casi cinco veces respecto del cereal.
A principios del 2026 se necesitaban 2,7 toneladas de trigo para comprar una de urea pensando para la siembra 2026/27, con la configuración actual de precios relativos se necesitarían 4,3 toneladas de trigo por cada una de urea.
Según estimaciones basadas en encuestas a productores de la región y teniendo en cuenta un sistema modelo de 150 has, una distancia al puerto de 150 km y las cotizaciones pertinentes para cada momento, el margen estimado para la producción de trigo 2026/27 en campo propio, para una producción de 40 qq/ha, habría caído un 43% desde el 13 de marzo hasta el 10 de abril, mientras que el de campo alquilado un 54% para el mismo período. Las mismas cuentas entre abril y febrero, para campos alquilados, la caída en los márgenes sería menor, sostenida por el incremento en las cotizaciones a cosecha.
En las renglones que más se incrementaron los costos entre medición y otra, son los relacionados con los fertilizantes, siembra, pulverización y fletes, son los costos en los que más se observa el impacto de la guerra, que fue más directo en los mercados internacionales.
Entre marzo y abril el costo total de producción sin los impuestos se incrementó 8,2%, mientras que entre febrero y abril el aumento fue de casi un 17%.
Sin embargo, donde aún los márgenes teóricos siguen dando positivo, aunque cada vez en menor magnitud, es en los planteos que contemplan el doble cultivo de trigo con soja de segunda (considerando un rinde de 35 qq/ha).
Mientras el ingreso bruto esperado a cosecha se incrementó en menos del 4% entre febrero y abril, los costos de producción sin impuestos lo hicieron en 11,3%; resultando un margen neto de campo alquilado de 13 US$/ha, 80% menos que la estimación de febrero.
Si bien todas las cotizaciones de commodities agro subieron impulsados por el conflicto, tanto en el mercado internacional como en el local, el impacto a mediano plazo no necesariamente implica que debamos encontrarnos con precios mayores para los granos hacia adelante.
Por el lado de la oferta, los costos son más elevados, márgenes más chicos, menor siembra, menor aplicación de tecnología o una combinación de ambas que eventualmente puedan llevar a menor producción, este es un escenario valido costos más elevados, márgenes más chicos, menor siembra, menor aplicación de tecnología o una combinación de ambas que eventualmente puedan llevar a menor producción.
fuente: nap