La firma del acuerdo Mercosur–Unión Europea, concretada el sábado pasado en Asunción del Paraguay, marca un punto de inflexión en la política comercial internacional y abre un nuevo escenario para la agroindustria argentina.
Si bien aún restan instancias de aprobación parlamentaria, el sector ya comienza a analizar cómo podría reflejarse este entendimiento en los precios de los commodities y en la competitividad del país.
En diálogo con Valor Agro, Maximiliano Díaz, director de la consultora Endógena, calificó el acuerdo como “un hecho muy relevante en términos de comercio internacional”, al recordar que se trata de un tratado que demandó más de 25 años de negociación.
“Finalmente la Unión Europea, como entidad supranacional, logró cerrar un acuerdo con el Mercosur. Desde Endógena analizamos en profundidad el capítulo comercial y su impacto sobre las principales cadenas agroindustriales”, explicó.
Un acuerdo que podría empezar a regir este año
Según Díaz, el proceso de implementación no será extenso. Con la aprobación del Parlamento argentino, la parte comercial del acuerdo comenzaría a aplicarse de manera provisoria, sin necesidad de esperar la ratificación de todos los países del bloque.
“La aprobación es bilateral. Con que lo apruebe Argentina, la parte comercial empieza a regir de forma provisional. Eso genera un fuerte incentivo para que el resto de los países del Mercosur también avance”, señaló.
Este punto es clave, ya que el primer país que entre en vigencia accede a las cuotas de exportación con arancel cero, generando ventajas competitivas frente a sus socios regionales.
Geopolítica y granos: un nuevo tablero
Díaz remarcó que el acuerdo se inscribe en un contexto global marcado por tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, y por una Unión Europea que busca recuperar peso en el escenario internacional.
“Europa aceleró este acuerdo como una forma de salir al mundo en un contexto de guerra comercial y pérdida de protagonismo global”, afirmó.
En este maarco, los granos argentinos aparecen entre los principales beneficiados. El acuerdo contempla no solo la eliminación de aranceles de importación en la Unión Europea, sino también un compromiso de reducción de derechos de exportación por parte de Argentina.
“Ahí hay un doble efecto: por un lado, los granos argentinos pasan a ser comparativamente más rentables que los de Brasil, y por otro, productos como el poroto de soja mejoran su precio relativo en la Unión Europea frente a China y el sudeste asiático”, explicó.
¿Habrá impacto inmediato en los precios?
Consultado sobre la reacción del mercado, Díaz fue cauto. Si bien no espera un impacto inmediato en los precios físicos, reconoció que podrían aparecer señales en los mercados de futuros.
“Todavía es prematuro ver un impacto directo en precios, pero en los mercados a término puede haber algún reflejo. Lo central es definir una estrategia clara entre el sector público y el privado para aprovechar las cuotas de exportación”, sostuvo.
En ese sentido, anticipó que se abrirá una puja interna dentro del Mercosur por la asignación de cuotas, lo que obligará a Argentina a elegir cuidadosamente en qué productos concentrarse.
Soja: Europa mejor que China
Uno de los puntos más destacados del análisis de Endógena es el caso de la soja. Según Díaz, los modelos de precios muestran que, con el acuerdo, el mercado europeo ofrecería mejores precios relativos que China.
“Bajan los aranceles europeos y, al mismo tiempo, Argentina se compromete a reducir las retenciones. Eso genera una oportunidad clara para la soja argentina”, explicó.
El acuerdo establece una reducción gradual de los derechos de exportación: del nivel actual a 18 puntos en los primeros cinco años, y hasta 14 puntos al cabo de siete años.
“Está escrito en el acuerdo y es un compromiso que Argentina debe cumplir. Son 10 puntos de retenciones menos en siete años, lo cual es muy significativo”, remarcó.
Más rentabilidad y expansión productiva
Según las proyecciones de la consultora, el impacto combinado de menores retenciones y arancel cero podría mejorar hasta en un 16% el precio final percibido por el productor una vez que el acuerdo esté plenamente implementado.
Esto, a su vez, podría generar un cambio productivo relevante:
“Zonas que hoy tienen rentabilidad negativa pasarían a ser rentables. No solo la zona núcleo se beneficiaría, también regiones marginales podrían incorporarse al proceso productivo”, concluyó Díaz.
El acuerdo Mercosur–Unión Europea abre así una nueva etapa para el agro argentino, donde la clave estará en la estrategia, la competitividad y la capacidad de adaptación a las exigencias del mercado europeo.