La apicultura argentina podría cerrar una campaña con niveles elevados de producción, pero el dato novedoso no es solo el volumen: desde el sector resaltan que hubo cambios en la producción agrícola que mejoraron las condiciones para las abejas, en contraste con la visión crítica que predominó durante años.
Según el analista Fernando Esteban, editor de Espacio Apícola, la actividad atraviesa una temporada positiva, con estimaciones de producción que oscilan entre 80.000 y 90.000 toneladas, e incluso proyecciones más optimistas que apuntan a niveles cercanos a récords históricos.
En ese contexto, el especialista remarcó que en los últimos años se observa un “cambio incipiente” en algunas prácticas agrícolas que impactan de manera favorable sobre el ambiente apícola.
Durante décadas, la apicultura cuestionó el modelo basado en siembra directa con barbechos químicos y uso intensivo de agroquímicos, al que asociaba con efectos negativos sobre las poblaciones de abejas. Sin embargo, ese esquema comienza a mostrar modificaciones.
Entre los cambios señalados aparece la mayor adopción de cultivos de cobertura o de servicio, que permiten reducir el uso de herbicidas y mejorar la estructura del suelo.
También se menciona la expansión de sistemas mixtos, con mayor presencia de ganadería y pasturas como la alfalfa, que aportan recursos clave para la producción de miel.
A esto se suma el crecimiento de cultivos como girasol, colza y carinata, que amplían la disponibilidad de néctar y polen en distintas épocas del año.
En el caso del girasol, el aumento del área sembrada en los últimos años se tradujo en rindes destacados de miel en varias regiones.
De este modo, el informe describe un escenario en el que, sin desaparecer las tensiones históricas, comienzan a consolidarse cambios productivos que acercan posiciones entre agricultura y apicultura, con efectos positivos sobre el sistema en su conjunto.
fuente: nap