La mesa de los argentinos atraviesa un cambio estructural sin precedentes. Según un reciente relevamiento del Instituto de Economía de la UADE (INECO), el consumo de carne vacuna se derrumbó un 42% en las últimas tres décadas, pasando de 52 kilos por habitante en 1990 a apenas 30 kilos en 2025. Esta caída marca el fin de la hegemonía indiscutida de la vaca, que ahora debe compartir el podio con el pollo y el cerdo debido a una disparidad de precios insostenible para el salario promedio.

El informe destaca que el precio del asado se encuentra actualmente un 47% por encima de su promedio histórico, con un valor que ronda los $15.340. Esta escalada modificó drásticamente la relación de canje en las carnicerías: mientras que a principios de siglo un consumidor elegía entre un kilo de asado o dos de pollo, hoy la diferencia es de uno a cuatro. Esta ecuación económica ha llevado a que la carne avícola ya empate en participación (38%) con la vacuna dentro de la dieta nacional.
A pesar de que el poder de compra del salario medido en carne mostró una leve recuperación respecto al periodo 2020-2023, todavía se sitúa lejos de los picos históricos de 2008. El fenómeno se explica, en parte, por el éxito exportador: las ventas al exterior crecieron un 230% en volumen en los últimos 23 años, lo que presiona los precios domésticos. Aun así, la Argentina mantiene un curioso récord: a pesar de la crisis y el cambio de hábitos, el país sigue liderando el ranking global de consumo de carne vacuna per cápita, triplicando el promedio de los países de la OCDE.